Ralph se echó boca arriba y miró las palmeras y el cielo.

—Reuniones. Nos gustan mucho las reuniones. Todos los días. Dos veces al día. Hablamos. —Se incorporó sobre un codo—. Apuesto a que si tocas el caracol en este minuto, todos vienen corriendo. Estaremos muy serios, y alguien dirá que tenemos que construir un aeroplano de reacción, o un submarino o un aparato de TV. Cuando la reunión termine, trabajarán cinco minutos y luego se irán a pasear o cazar.

William Golding, Señor de las moscas, 3 (Minotauro, 1971, p. 61, traducción de Ricardo Gosseyn)